El 47 % de los caldos comerciales apenas supera el 5 % de pollo, según un informe de la FEN

El 47 % de los caldos comerciales apenas supera el 5 % de pollo, según un informe de la FEN

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Los caldos, sopas y cremas siguen ocupando un lugar destacado en la tradición culinaria española y en la alimentación diaria por su versatilidad y valor nutricional. No obstante, el informe Comparativa de caldos en España, elaborado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN), pone de manifiesto importantes diferencias entre los productos disponibles en el mercado, especialmente en función de la calidad de los ingredientes, el método de elaboración y la proporción de pollo utilizada.

El estudio distingue entre dos grandes categorías de caldos: aquellos elaborados a partir de productos transformados, como concentrados, extractos y aromas, y los preparados mediante la cocción de ingredientes frescos, entre ellos pollo y hortalizas. Mientras que los primeros suelen aportar cantidades muy reducidas de proteínas y colágeno, los segundos destacan por su contenido en minerales esenciales como sodio, potasio, magnesio y fósforo, fundamentales para el correcto funcionamiento del organismo.

El análisis de los caldos envasados en cartón revela que el 47 % de ellos contiene menos de un 5 % de pollo y que, en muchos casos, se elaboran a partir de ingredientes deshidratados y aromas añadidos. Frente a esta tendencia, el caldo de pollo Gallo sobresale por incluir un 33 % de pollo, el porcentaje más elevado del mercado, y por su elaboración con ingredientes frescos y de proximidad. Esta diferencia se traduce en un mayor aporte de proteínas, colágeno y minerales de fácil absorción, lo que supone un perfil nutricional más completo en comparación con la mayoría de las alternativas comerciales.

Cristina Sánchez Rams, directora de Calidad e I+D de Grupo Gallo, destaca que “en Gallo lideramos la elaboración de caldos de máxima calidad, cuidando cada etapa del proceso para garantizar nutrición, sabor y seguridad. Nuestro modelo de producción, basado en la economía circular, permite optimizar recursos y reducir desperdicios, manteniendo precios competitivos sin comprometer la calidad”. Asimismo, subraya la selección de ingredientes frescos y de proximidad y el control exhaustivo de la cocción en la Olla Gallo como claves para lograr un perfil organoléptico equilibrado y un sabor auténtico.

El informe se completa con los datos del I Estudio sobre el Uso y la Interpretación del Etiquetado de Alimentos, también elaborado por la FEN, que evidencia una falta de educación nutricional entre la población. Según este estudio, el 44 % de los consumidores desconoce las diferencias en el contenido de pollo entre los distintos caldos, lo que dificulta la toma de decisiones informadas en el momento de la compra.

Desde el punto de vista nutricional, los caldos con mayor proporción de pollo y hortalizas frescas presentan un perfil equilibrado: bajo contenido calórico (entre 5 y 10 kcal por 100 ml), bajo en grasas y con una cantidad moderada de sal (0,7-0,8 g por 100 ml), además de proteínas de alta biodisponibilidad. Por el contrario, los caldos con menos del 5 % de pollo muestran una densidad nutricional inferior, con aportes proteicos que no superan los 0,4 g por 100 ml y una presencia limitada de colágeno y minerales.

José Manuel Ávila, director general de la Fundación Española de la Nutrición, recuerda que “los caldos han sido siempre un pilar de la gastronomía tradicional española, tanto por su valor nutritivo como por su sabor. Cuando se elaboran con ingredientes naturales y bajo contenido de sal, constituyen una opción práctica y saludable, alineada con las dietas mediterránea y atlántica. La forma de elaboración y el porcentaje de ingredientes son factores clave a la hora de elegir un buen caldo”.

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