Distribución alimentaria española avanza hacia la economía circular tras el nuevo marco legal

Distribución alimentaria española avanza hacia la economía circular tras el nuevo marco legal

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El sector de la distribución alimentaria en España refuerza su apuesta por la economía circular tras la aprobación de la Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario y los avances en digitalización logística, apuntando a un modelo más eficiente, sostenible y competitivo.

La cadena de valor de la alimentación en España se enfrenta a un cambio estructural hacia la circularidad. De un lado, la Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario ha recogido objetivos concretos para la distribución, producción y consumo. Por otro, recientes indicadores del sector muestran avances reales en eficiencia logística y reducción de desperdicio.

Según datos de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas), los supermercados han logrado reducir el desperdicio alimentario a un nivel de 0,45 % del volumen distribuido, gracias a mejoras en digitalización del stock, optimización de rutas logísticas y gestión del surtido. Este dato cobra especial relevancia cuando se considera la normativa que establece una jerarquía de destino para los alimentos no consumidos: donación, alimentación animal, subproductos industriales, compostaje o biogás.

Para el sector mayorista y de distribución —uno de los eslabones clave del sistema alimentario— la transformación también es palpable. Las plataformas logísticas están integrando rutas inversas y recogida de residuos/re-envases, mientras la nueva normativa incentiva la devolución de envases, la valorización de subproductos y la reducción de residuos. En este contexto, la digitalización y el rediseño de envases empiezan a jugar un papel relevante.

Impacto y retos para la distribución

La transición hacia un modelo más circular presenta ventajas claras: reducción de costes ligados al desperdicio, mejora de la sostenibilidad ambiental, mejora de la imagen de marca ante un consumidor cada vez más concienciado y cumplimiento regulatorio. Sin embargo, también entraña retos importantes:

  • Ampliar los modelos piloto a escala nacional y asegurar la cadena logística inversa (recogida de envases, transporte de residuos, trazabilidad).

  • Rentabilizar la inversión en nuevas tecnologías, materiales y procesos de devolución/reutilización.

  • Coordinar a todos los actores de la cadena —productores, mayoristas, distribuidores, retailers— para que el modelo funcione de forma integrada.

  • Comunicar de forma transparente los avances reales de circularidad al consumidor final, evitando que se perciba como mera etiqueta verde.

Los operadores de la distribución alimentaria que anticipen este cambio y lo integren en sus procesos logísticos, de envase y gestión de residuos, podrán posicionarse con ventaja competitiva hacia 2026-2030. En un escenario en el que la eficiencia logística y el control del desperdicio se convierten en factores clave de resiliencia, la economía circular se está perfilando como un vector de transformación con impacto tangible.

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